
Hoy conmemoramos el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas. Por décadas, esta fecha se observó exclusivamente a través del lente de la seguridad, fronteras y la fiscalización. Sin embargo, la realidad actual nos exige una mirada mucho más profunda.
Este año, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) nos convoca bajo el lema: «El problema mundial de las drogas: desafíos persistentes, nuevos retos y respuestas innovadoras». Y desde la Comisión Nacional para el Estudio y la Prevención de los Delitos Relacionados con Drogas (CONAPRED), asumimos este llamado con una firme convicción: la respuesta más innovadora, humana y efectiva del siglo XXI no está en el juicio ni en el castigo, sino en la salud pública y la salud mental.
El problema mundial de las drogas no es estático; muta y se reinventa. Seguimos enfrentando problemas recurrentes como la violencia ligada al narcotráfico y la exclusión de quienes sufren trastornos por uso de sustancias. Sin embargo, la CICAD nos advierte hoy sobre un escenario continental crítico: las drogas sintéticas y las Nuevas Sustancias Psicoactivas (NSP) están alcanzando niveles de sofisticación sin precedentes. Ya no nos enfrentamos únicamente a sustancias puras, sino a la circulación masiva de mezclas y adulteraciones complejas, impredecibles y letales (como la combinación de estimulantes con opioides sintéticos o ketamina) que multiplican el riesgo de sobredosis y transforman por completo las urgencias médicas.
A estos peligros químicos se suman los mercados ocultos en la web, el incremento del vapeo en personas menores de edad y un preocupante aumento del consumo vinculado a la crisis de salud mental post-pandemia. Ante este tejido delictivo transnacional que se expande con rapidez entre fronteras, la evidencia hemisférica es categórica: ningún país puede dar una respuesta aislada. La prioridad de las agencias del Estado debe migrar de la vieja pregunta de “qué droga es”, hacia una estrategia dinámica enfocada en “qué riesgos específicos genera cada combinación en la salud en este preciso momento”.
Por ello, la CONAPRED hace un llamado urgente a la sociedad panameña para transformar este abordaje. Es momento de consolidar enfoques guiados por la empatía, la confidencialidad y, fundamentalmente, por una prevención integral y oportuna. En sintonía con las recomendaciones del Mecanismo de Evaluación Multilateral (MEM) de la CICAD, Panamá reafirma la importancia de fortalecer las alternativas al encarcelamiento para delitos de menor gravedad relacionados con drogas y sancionados con penas más bajas, sustituyendo el estigma punitivo por la inclusión social y la rehabilitación efectiva.
Cuidar la salud mental y prevenir el consumo no es un lujo; es un derecho básico. Innovar no es solo cambiar de estrategia, sino entender que detrás de cada estadística hay una vida que proteger antes de que sea tarde. Ante desafíos persistentes y nuevos retos, la respuesta más vanguardista es anticiparnos con educación, transformar el juicio en apoyo, el estigma en salud y la alerta temprana en política pública prioritaria. Porque prevenir y proteger la mente y el bienestar de nuestra juventud hoy, es asegurar el futuro de Panamá.



